lunes, 13 de junio de 2011

¡PUES NO! ¡NO ME ALEGRO!

(entrada larga, necesito desahogarme)

Ahora resulta que soy la persona más egoísta y envidiosa que conozco. ¿Y por qué? Pues porque se me llevan los demonios cuando alguna de mis amigas me dice que ha adelgazado, porque la reventaría la cara cuando me cuenta lo que come y lo que no, porque estoy hasta los cojones de que me hablen de los beneficios de la dieta Dukan con una sonrisilla en la cara para que al final de cada frase añadan un ‘a ti no te hace falta, claro’, porque se las dan de que se las saben todas y son expertas nutricionistas cuando lo único que hacen es seguir lo que pone en un libro, porque parece que todo el mundo a mi alrededor puede alardear de que están a dieta y nadie les dice nada, mientras yo si no quiero comerme el bocadillo de turno y prefiero pasar con un café tengo que aguantar miradas inquisidoras, porque hasta mi suegra le hace una comida especial a mi cuñada, que está a dieta, mientras a mí lo único que me dice es ‘¿no vas a comer más? Has comido poco’, porque todo el mundo parece tener derecho a comer lo que le de la gana menos yo.

Por eso y porque no soporto ver que mis amigas están adelgazando. Lo siento, pero es así. Me da envidia. No que hayan adelgazado, eso yo también puedo hacerlo, sino que además las feliciten por ello, se regodeen y me lo restrieguen por los morros en plan ‘ya he bajado 5 kilos’ mientras piensan en meterse en alguno de mis pantalones para ver si las valen. Puede que me esté volviendo paranoica y que todo me lo tome como una agresión en toda regla hacia mi persona. No lo sé. Bueno, a decir verdad, si que lo sé: pero es que estoy segura de ello. Cada vez son más las conocidas y amigas que se apuntan a la dieta y, por tanto, más las que están adelgazando y yo no puedo dejar de desear que se pongan gordas. Sí, lo sé: ellas también tienen derecho a estar delgadas y debería de alegrarme por ellas, bla, bla, bla. Pero ni me alegro, ni creo que tengan derecho a meterse en mi terreno. ‘Mi terreno’ digo. ¡A qué he llegado! A desear volver a esos 40 kilos que dejé hace 2 años; a atiborrarme de helados, bollos y chucherías para después terminar echándolo todo por el wc más cercano; a quedarme flaca como un escuerzo sólo por la satisfacción de un ‘mira, no me puedes alcanzar’; a pensar que cada kilo perdido por ellas es una batalla perdida mía.

Y si esto no es bastante, yo estoy más gorda que nunca. Bueno, que nunca no. Pero he engordado 3 kilos y me están matando. Así que me da más rabia aún.

A todo esto tengo que añadir un ‘estás otra vez que da asco verte’. No puedo describir mi cara de asombro ante esto, ya que, como he dicho, he engordado nada más y nada menos que 3 kilos. Aún así, parece que la gentuza de alrededor de mi madre, no puede tener la boca cerrada y tiene que ir pregonando a los cuatro vientos lo flaca y fea que estoy. Y no es que antes estuviera más guapa. No, ni mucho menos. Seguía fea, pero por lo menos, no podían llamarme flaca. Ahora sí. Y yo me alegro, pero mi madre cada vez que tiene que oír de boca de alguna conocida lo flaca que estoy, le da ganas de echarse a llorar. Porque es mi madre y se preocupa por mí. Claro que lo que no le dicen estas petardas menopaúsicas, viejas y arrugadas, es que ellas también están a dieta, que sus hijas, han adelgazado en los últimos meses 5 kilos y que, en este caso, lo que pregonan es lo guapísimas que están y el tipazo que se les ha quedado. No hablo en vano; sus hijas son amigas mías. Y puede que yo esté delgada (no flaca) pero no debería de importarles lo más mínimo. Ni aunque me hubiera propuesto morirme de inanición, que no es el caso, deberían de tener que herir a mi madre. Creo que algún día se les van a atragantar sus palabras y las ganas de herir y desear el mal a los demás para terminar ahogándose en su propia mierda. ¿Es malo desear esto? ¿Me ahogaré yo también por esperar que a esta gentuza metomentodo le den sus propias palabras e ideas en toda la cara?

Alguien me preguntó si tomaba medicación… ahora no puedo mirar porque mientras escribo no tengo el blog abierto, así que os cuento a tod@s. Estuve medicada con clorazepato (genérico de diazepam, lorazepam, orfidal, etc…) pero las dejé enseguida. La verdad es que, en cuanto vi el efecto que me provocaban, únicamente me las tomaba por la noche para poder ‘apagar’ el cerebro y así poder dormir. No me gustaba estar ‘sinsentido’ todo el día. No soportaba ‘nosentir’. Más que nada, porque por aquella época, bastante poco sentía yo como para encima ir por ahí como un fantasma quedándome dormida por todos los rincones. Sí que tenía ansiedad pero, al mismo tiempo, tenía una astenia gigantesca. Estaba deprimida y eufórica al mismo tiempo. Suena raro, pero no sé explicarlo de otra manera.

Por último, decir que siento no poder conectarme tan asiduamente como antes. Aún así, sigo por aquí y os sigo leyendo y siguiendo. ¡Bsines!