miércoles, 23 de marzo de 2011

Cuando el Cuerpo Grita

Tengo algunas teorías locas. Entre ellas, que cualquier enfermedad o mal funcionamiento del cuerpo es un aviso de que algo no funciona. Lógico, pensaréis. Pero no me refiero a que si tengo gripe es porque me he resfriado o porque me calé hasta los huesos la última vez que llovió, sino que si he cogido gripe, es porque estaba predispuesta a cogerla y como, por la razón que fuere, no me sentía a gusto, tranquila conmigo misma y en paz, mi cuerpo ha reaccionado pillando la gripe para llamar mi atención. Una no se resfría si está y se siente fuerte, con ánimo, contento y en paz. Así que es una señal de alarma: ‘¡Eh! ¡Tú! ¡Despierta, espabila que algo no va bien!’

Así que parece que mi cuerpo quiere llamar mi atención porque últimamente no para de recordarme que está ahí: un catarro de concurso, conjuntivitis, problemas gastro-intestinales, los ganglios inflamados, me han salido algunos granos de adolescente… Por consiguiente, sigo intentando pactar una tregua en la que ambos saquemos algún beneficio.

Para comenzar, mi mini-viaje me ha encantado. No me perdono haber comido todo lo que me he comido, pero, por otra parte, he disfrutado de lo lindo, así que llegaré a un acuerdo para mi tregua particular en este aspecto y, además, ya estoy maquinando mi propio ‘plan de ataque’ para remediarlo. A mi vuelta, han surgido varios problemas que estoy intentando solventar. Estoy en ello e intento llevarlo lo mejor posible, ya que aunque creo que tiene su razón de ser, no depende mucho de mí. Me preocupa porque escapa a mis posibilidades de encauzarlo pero, por lo menos, lo tengo controlado y me he dado cuenta a tiempo (creo yo, pero las pruebas que me he hecho hablarán por sí solas en un par de semanas). Así, que lo llevo lo mejor posible. Aún así, hasta dentro de unos 15 días no creo que haya tregua en cuando a este aspecto.

He venido más gorda pero me encuentro muy bien de ánimo. Nada que no se pueda remediar en esta semana. Y tengo además una cita con el típico ‘amor platónico’ de la adolescencia (y no tan adolescencia), con el que me sigo llevando mejor que bien. Ante la perspectiva de volver a encontrarnos, no puedo sino alegrarme. Es algo especial lo que mantenemos aunque los dos estamos felizmente ‘casados’. Muchas veces me pregunto que habría pasado si lo nuestro de alguna manera hubiera llegado a buen puerto: las razones por las que no salimos nunca en serio son de lo más variadas y repetidas durante un largo periodo de tiempo. Así que, por mero orgullo, me encanta recordarle lo que se perdió porque lo nuestro nunca cuajó del todo. ¡Jajaja! Me entra la risa: en el fondo sé que le encanto. Digo ‘encanto’ y no ‘gusto’. No creo que esté enamorado de mí, ni mucho menos, pero hay una especie de obsesión sana entre nosotros.

Terminando: voy a ver si en lo que queda de semana, consigo mi tregua y acallo a mi cuerpo que a este paso me va a dejar sorda.

1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo en lo de que el cuerpo avisa de que algo va mal. Algo físico, claro, pero también algo emocional.
    Somos energía cariño.

    Qué bonito lo del "amor platónico" es tierno.

    Besines

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