martes, 29 de marzo de 2011

Cuando ser delgada se convierte en PECADO

Estoy harta de tener que justificarme por estar delgada. Estoy harta por tener que pedir perdón por estar más delgada que la persona que me habla. Estoy harta de soportar miradas inquisidoras. Estoy harta de tener que comer más que cualquier otra persona porque a mí me acusan y a ella no. Estoy harta de hacer cosas que no quiero porque se consideran lo normal. Estoy harta de ser quien no soy. Estoy harta de poner cara de circunstancia con sonrisa forzada cuando me llaman ‘delgadita’ o me recuerdan que me he quedado muy ‘delgadita’ (repetimos palabro). Estoy harta de que me sirvan más en el plato. Estoy harta de que siempre sea a mí a quien preguntan si quiero más aún habiendo comido más que otros que están a la mesa. Estoy harta de que me digan que me faltan ‘2 kilos’ pese lo que pese. Estoy harta de tanta hipocresía. Porque desde hace algún tiempo, parece que tengo que dar razones por las cuales quiero estar delgada. Me preguntan si he vuelto a adelgazar y me scanean de arriba abajo. ¿Me doy media vuelta para que juzgues mi culo también? O mejor aún ¿me despeloto aquí mismo y así sales de dudas? Y no he vuelto a adelgazar. Llevo 3 años pesando más o menos lo mismo, exceptuando el periodo de tiempo en que me quedé en aquellos dulces 42 kilos. Así que 3 años pesando unos 45-47 kilos y todavía hoy recuerdan que llegué a pesar 55. Sólo me arrepiento de no haber pesado desde bastante antes 46. Siempre me queda la duda de que si el cambio hubiera sido, por ejemplo, en plena edad del pavo y se hubiera mantenido así, ahora nadie se extrañaría en que me mantuviera en ese peso. Tengo que aguantar comentarios de madres de mis amigas diciéndome que estaba más guapa antes, que mejor 2 kilillos más. ¡Y una mierda! ¿Antes? ¿Antes de qué? ¿Antes de cuándo? Porque mi físico no es nuevo, llevo así 3 años. Y mientras mi mente se contiene por no darle una mala contestación y un empujón a la metomentodo de turno, me limito a sonreír, decir que he estado más delgada y que he engordado y, sobre todo, que me gusta estar así. Pero me queda por soportar un ‘No, qué va, estabas mejor antes’. Pues engorda tú y a mí déjame en paz. Ha llegado un punto en el que estaría más mona sin hablar cuando salen temas como ‘fulanita ha engordado’. Porque está bien que lo diga cualquiera que está algo por encima del peso ‘¿normal?’, pero que lo diga yo… Que diga yo que fulanita ha engordado o que tiene tripa es PECADO. No se me permite hablar de esos temas, se me juzga de manera diferente a las demás aunque ellas también hayan notado eso que yo digo. Así que he decidido no volver a opinar de estos temas. Me limitaré a poner cara de circunstancia y sonrisa forzada, que parece se me da mucho mejor que la otra opción, está mejor aceptada y yo termino mucho mejor parada.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Cuando el Cuerpo Grita

Tengo algunas teorías locas. Entre ellas, que cualquier enfermedad o mal funcionamiento del cuerpo es un aviso de que algo no funciona. Lógico, pensaréis. Pero no me refiero a que si tengo gripe es porque me he resfriado o porque me calé hasta los huesos la última vez que llovió, sino que si he cogido gripe, es porque estaba predispuesta a cogerla y como, por la razón que fuere, no me sentía a gusto, tranquila conmigo misma y en paz, mi cuerpo ha reaccionado pillando la gripe para llamar mi atención. Una no se resfría si está y se siente fuerte, con ánimo, contento y en paz. Así que es una señal de alarma: ‘¡Eh! ¡Tú! ¡Despierta, espabila que algo no va bien!’

Así que parece que mi cuerpo quiere llamar mi atención porque últimamente no para de recordarme que está ahí: un catarro de concurso, conjuntivitis, problemas gastro-intestinales, los ganglios inflamados, me han salido algunos granos de adolescente… Por consiguiente, sigo intentando pactar una tregua en la que ambos saquemos algún beneficio.

Para comenzar, mi mini-viaje me ha encantado. No me perdono haber comido todo lo que me he comido, pero, por otra parte, he disfrutado de lo lindo, así que llegaré a un acuerdo para mi tregua particular en este aspecto y, además, ya estoy maquinando mi propio ‘plan de ataque’ para remediarlo. A mi vuelta, han surgido varios problemas que estoy intentando solventar. Estoy en ello e intento llevarlo lo mejor posible, ya que aunque creo que tiene su razón de ser, no depende mucho de mí. Me preocupa porque escapa a mis posibilidades de encauzarlo pero, por lo menos, lo tengo controlado y me he dado cuenta a tiempo (creo yo, pero las pruebas que me he hecho hablarán por sí solas en un par de semanas). Así, que lo llevo lo mejor posible. Aún así, hasta dentro de unos 15 días no creo que haya tregua en cuando a este aspecto.

He venido más gorda pero me encuentro muy bien de ánimo. Nada que no se pueda remediar en esta semana. Y tengo además una cita con el típico ‘amor platónico’ de la adolescencia (y no tan adolescencia), con el que me sigo llevando mejor que bien. Ante la perspectiva de volver a encontrarnos, no puedo sino alegrarme. Es algo especial lo que mantenemos aunque los dos estamos felizmente ‘casados’. Muchas veces me pregunto que habría pasado si lo nuestro de alguna manera hubiera llegado a buen puerto: las razones por las que no salimos nunca en serio son de lo más variadas y repetidas durante un largo periodo de tiempo. Así que, por mero orgullo, me encanta recordarle lo que se perdió porque lo nuestro nunca cuajó del todo. ¡Jajaja! Me entra la risa: en el fondo sé que le encanto. Digo ‘encanto’ y no ‘gusto’. No creo que esté enamorado de mí, ni mucho menos, pero hay una especie de obsesión sana entre nosotros.

Terminando: voy a ver si en lo que queda de semana, consigo mi tregua y acallo a mi cuerpo que a este paso me va a dejar sorda.

viernes, 11 de marzo de 2011

Informe Semanal: Mis altibajos diarios

Estoy que no estoy. Tan pronto me siento cansada, triste, no me gusto, me siento gorda, pesada y fea que me animo, me río un montón con los compañeros del curro, me miro al espejo y no me desagrada lo que veo. No me entiendo. Tengo un día de esos en los que ni yo me decido. De lo único que estoy segura es de que a estas alturas de la semana pocas ganas de trabajar me quedan.

Durante la semana he hecho una especie de experimento. Mi experimento ha sido de lo más sencillo y complicado al mismo tiempo. Únicamente se trataba de comer casi-normal. He desayunado mi café, mis cereales, zumo e incluso alguna tostada o queso fresco. He comido dos platos de comida con carne, pescado, verduras, pasta y arroz más postre. He cenado también verdura, pollo, sopa y pescado, ensalada y lo que hubiera ese día sin dejar aparte un plato o cosas por el estilo. Entre horas, algún té, café, queso fresco o yogur. En principio, parece sencillo, nada del otro mundo. Para mí, lograrlo ha sido todo un triunfo. Primero porque cuando como más de lo que yo considero, me suelo descontrolar y como aún más de lo que debiera. Segundo, que cuando como esta cantidad de comida siempre suele terminar en el mismo sitio, no precisamente en mi estómago y, aguantarme las ganas de salir corriendo ha sido todo un triunfo.

El resultado: tengo pesadez de estómago, ardor, me siento pesada y gorda, lógicamente peso más y mi barriga parece la de un bebé que acaba de comer. Así que parece que mi estómago no asimila la comida a la misma velocidad que yo. Creo que aún ahora, que son casi las 4 de la tarde, podría regurgitar algún trozo de la cena de ayer. No soporto sentirme así de pesada. Los pantalones siguen estando flojos allí donde estaban flojos aunque los noto un poco más apretados en la cintura por el inminente tripón lleno de comida que tengo. En fin, experimentos… lo bueno es que llevo una semana sin ‘atracarme’ y sin vomitar. Un descanso para mi organismo.

En mi locura de altibajos del día de hoy, he tenido un momento de ganas de gastar y me he regalado un miniviaje (un fin de semana largo). Así que la semana que viene me marcho a oler el verano, al buen tiempo, a ponerme camisetas de manga corta y a ver si quito este color de muerto por lo menos de la cara. Voy a estar acompañada, así que sigo teniendo pendiente escaparme yo por ahí, pero algo es algo y estoy segura de que voy a disfrutar de ello.