martes, 25 de enero de 2011

Políticamente Incorrecta: Condenada a comida forzosa y sin fianza

Últimamente me estoy dando cuenta de que la gente que intenta ser políticamente correcta termina cometiendo tantos o más fallos que los que dicen lo que piensan sin tapujo alguno de una forma impulsiva.
Hace no mucho, se ha celebrado un concurso de belleza para chicas obesas. Yo también voy a ser correcta aunque sea sólo en la presentación del tema. Bien. Para mi sorpresa, este certamen ha estado en boca de un montón de medios de comunicación, tales como radio y televisión, apareciendo incluso en las noticias de la noche. Hasta aquí, bueno; también aparece en las noticias los certámenes de belleza nacionales e internacionales a los que estamos mucho más acostumbrados.


Pero cuál fue mi incredulidad al escuchar que estas chicas parecían sanas y rollizas. ¿Perdón? ¿Ein? Je ne comprends pas, I don’t understand, no entec, ez dut ulertzen, cortocicuito, bip, bip, bip, biiiiiiiiiiiiip, off. Aún así, seguí escuchando con atención. Pero qué lozanas y felices se las ve. El tono en el que estaba hablando el presentador de turno era increíblemente amable, respetuoso y feliz. Entrevistaron a una de las participantes que dijo que ella se sentía totalmente orgullosa de ser como era, que se gustaba y que no tenía porqué esconderse. Perfecto. No me parece mal; más bien todo lo contrario. No me lo creo, pero si ella sí, mejor para ella.

Lo que realmente me repateó, fue el hecho de que no se la juzgara por decir lo que dijo. A mí se me juzga día sí y día también por decir que estoy orgullosa de no llegar a los 45, que me gusta estar así. Se me juzga y obtengo, la mayoría de las veces, un veredicto en mi contra: Culpable, a la cocina con ella, se la condena a comer hasta que vuelva a pesar 51-52 kilos. A ella en cambio, se la respeta. ¿Ves que maja? ‘La gordita feliz de turno’. Y una mierda. Una mierda, no porque ella no sea feliz, sino porque a ella se la cree y a mí no. A ella se la respeta que quiera pesar 90 kilos midiendo 1,60 y a mí se me condena por pesar la mitad. Yo soy una enferma y…¿ella está sana? Y una mierda.
¿Y nadie es capaz de decir que son gordas como a mí me dicen que soy flaca? Porque perdonad que os diga, muchas veces he escuchado que esta chica es anoréxica, cualquier día se muere, no puede verse bien, imposible, está horrorosa, más la valía ganar unos kilos y dejarse de obsesionar con la comida y empezar a comer, y lindezas por el estilo. Pero como hay que ser políticamente correcto, parece que la pobrecita gorda está feliz así y hay que respetarlo. Esto en las noticias. Dejemos las caras de severidad, angustia y pena para cuando hablemos de chicas flacas.

miércoles, 12 de enero de 2011

Conversaciones de alcoba o de cómo evitar situaciones indeseables

Imaginemos: una pareja cualquiera, en una habitación cualquiera, cualquier noche. Poca ropa, hace frío fuera y todo invita a acurrucarse el uno contra el otro.
- Cariño, ¿has adelgazado? Parece que te veo algo más delgada
- Ummmm, pues… puede que algo, los pantalones ya no me aprietan como antes – dice ella mientras realmente está pensando ‘¡¡¡Sí!!! ¡Se nota, se nota!’.
- ¿Y por qué has adelgazado? ¿Comes bien? Tienes que comer más. Come cosas más consistentes. – replica él mientras la toca uno de los huesos de la cadera que tanto le gustan y que hoy sobresalen algo más que ayer pero que sólo ella es capaz de ver esa mínima diferencia.
- Como bien. Llevo una temporada con mucho estrés en el trabajo, no paro, no me dejan ni un momento, muchos nervios…
- Por eso, come algo más consistente: acompaña la verdura con un filete.
- Hoy la he acompañado de pescado – replica ella mientras recuerda cómo el susodicho pescado se ha ido por el baño directo desde el tupper.
- Ya, pero eso no es consistente. ¿Hace cuánto que no te pesas? ¿Cuánto pesas?
- Hace un montón que no me peso, no tengo ni idea – contesta pensando en que si le dijera que roza los 45 el rapapolvos a aguantar sería grande y no tiene ninguna gana de discutir, ni de escuchar lo de siempre y callar, ni de amargarse el momento tan agradable de disfrutar de él en la cama.
- Luego te vamos a pesar. - peligro... peligro...
- (¿Tú y quién más?) Anda, calla y bésame…

Solucionado. El resto os lo imagináis. Ella no se pesó y claro está que no era una pareja cualquiera, ni una cama cualquiera. ¿La noche? Podría haber sido cualquiera.