lunes, 27 de diciembre de 2010

Sobreviviendo a las navidades

He sobrevivido a este fin de semana. No lo bien que podría haber sido pero, por lo menos, quedan 2 comilonas menos.

Justo antes de comenzar a cenar, cuando todo el mundo estaba de pie alrededor de la mesa, me entró un agobio tremendo. La gente traía un montón de platos llenos de comida con los aperitivos. Como siempre, demasiada comida para los que estábamos en casa. Y no éramos pocos, qué va, pero en esta tierra en la que vivo, somos así de grandes y tiene que haber mucha, muchísima, comida y si no, parece que no vale. Es como un grupo de niños jugando: ‘eso no vale, es trampa’. Pues lo mismo. Así que me aparté a un lado para ver lo menos posible todo lo que se estaba posando sobre la mesa, cogí el móvil y escribí un sms. Gracias por estar ahí. Porque el hecho de saber que puedo escribir a alguien que me entiende me tranquiliza. Y, siendo un poco egoísta, pensar que esa persona estará pensando y viviendo algo parecido a mí, me hace sentirme acompañada. Digo egoísta porque realmente, pasar lo mismo que yo, no es pasarlo bien… nos entendemos, ¿no?

Por delante de mis narices han pasado todo tipo de platos, platitos, pucheros y pucheritos. Sin librarse ni uno de ellos, mientras los demás elegían lo que buenamente les apetecía, todos y cada uno de los platos que contenían comida se posaban como si tal cosa sobre mi plato para que me sirviera: ‘toma sírvete’. No gracias, no quiero más. ‘Sì, coge que no lo has probado’. Ya, pero es que no quiero, estoy llena. ‘Anda, toma un poco que es del pueblo’. ¡Zas!, pedazo de cordero al plato. Cara de circunstancia por mi parte y mirada de esas que matan de mi madre que viene a ser lo mismo que ‘cómete el cordero ya’. ¿Qué parte de ‘no quiero más, estoy llena’ no has entendido? Está bien, Hidden, respira… porque si no respiro y me tranquilizo voy a tirar el plato contra la pared. Así que respiré y dejé que el cordero se enfriara en mi plato mientras yo jugueteaba con el cuchillo y le pasaba al perro algunos trozos. Me da tanta rabia que me obliguen a comer de todo lo que hay en la mesa… Porque de verdad que comí. Pero sobreviví y eso es lo importante.

Ahora sólo pienso en que me queda menos. Tengo ganas de que llegue el viernes por la tarde para salir con mis amigas de vinos. La noche me da un poco lo mismo, ya que prefiero salir cualquier otro día de fiesta que en noche vieja. Me violenta tanta gente borracha y feliz por la calle.

Se acaba el año. ¿En qué ha quedado este año? Mi plan para el 2010 no se culminó, así que para el 2011 tengo como objetivo cumplir esas cosas que se me quedaron a medias o no llegaron a buen puerto este año. No me doy por vencida y no quiero que caiga en saco roto. No tengo nuevos buenos propósitos, sólo cumplir con los que ya tenía. Y estoy animada.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad, Navidad...

Bueno, hoy es nochebuena. Estoy animada y contenta, pero a la vez angustiada. Me explico:
Me gusta el día de hoy porque sólo trabajo medio día, porque el ambiente en la oficina hoy es estupendo y porque nos traen bombones, galletitas y chuches para picotear. No es que yo haya comido ninguna, pero me hace ilusión que tengan este tipo de detalles y me gusta ver cómo la gente se arremolina alrededor de la mesa donde han puesto los chocolates varios. Por mi parte, varios de estos chocolates han caído en mi bolso para repartir cuando llegue a casa (siempre causa muy buena impresión y, no sé por qué, da la impresión de que yo ya he comido lo mío y esto es lo que me ha sobrado porque ya no podía más). Decía que me gustaba el día… además de por el ambiente del curro, porque por la tarde tenemos la tradición de salir de vinos con el grupo de amigos y, al igual que en la oficina, el ambiente es estupendo, te encuentras con un montón de gente que hacía tiempo que no veías y lo pasamos en grande. Hasta ahí, porque después me toca una de cena, de caras de circunstancia porque yo sólo quiero cenar caldo de pollo. En ese punto me toca aguantar el tirón. Pero después, volvemos al buen rollo y a una sobremesa de lo más animada (o eso espero).

Así que os deseo a todos una feliz noche y una feliz navidad.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Pasa de lo que te diga la gente; no engordes, estás estupenda y guapísima así

Este año en una boda que tuve, no paré de escuchar que si había adelgazado más, que el vestido negro que llevaba me hacía más delgada. Yo, sonrisa perpetua durante el día, me excusaba y decía que no, que estaba como siempre. Realmente, esa semana me esforcé en bajar algo de peso y, he de admitir, que lo conseguí. Así que mientras me excusaba, veía cómo mi objetivo se había cumplido y mi pequeño yo interior daba saltos de alegría y palmas en mi tripa. Fue la única boda en la que no tuve que salir corriendo al baño después de la comida (por lo menos no para lo que suelo ir en esos casos). Mi comida se resumió en ensalada verde con un poco de bogavante y un medallón de merluza. Eso en 2 horas y media que estuvimos sentados a la mesa. Conocí a gente de lo más agradable e hice buenas migas con una chica que sólo conocía de vista, cosa que me sorprendió ya que normalmente las chicas de mi edad no se sienten muy cómodas ni amigables conmigo. A veces pienso que emano unas hondas electromagnéticas que repelen al sexo femenino o algo así… ¡¡pero si soy una persona la mar de maja!! ¡Jajaja!

Entre las personas que conocí, me sorprendió el trato con un hombre (digo hombre y no chico porque la persona en cuestión está más cerca de los 45 que de otra cosa) que, por razones que no vienen a cuento, tiene bastante relación con mi novio pero que nunca había coincidido conmigo. Nos presentaron a principio de la mañana. Durante el convite cruzamos alguna palabra y saludo amistoso, pero no fue hasta que salimos por la tarde-noche que nos pusimos a hablar un poco de todo y, para satisfacción de ambos, lo pasamos en grande. Su mujer se descojonaba de la risa conmigo (debí de tener el día de lo más acertado ;P). Para entonces, yo había cambiado mi LBD por vaqueros, camiseta de tirantes y all-star. Para mi sorpresa, cuando se retiraban para casa (yo me quedé alguna horita más de fiesta) ambos me dijeron: ‘Y no hagas ni caso de lo que te digan por ahí, no engordes ni un kilo que estás guapísima, el vestido te quedaba niquelado, tu ni puto caso’. Dos besos a cada uno, y allí me quedé bailando y desfrutando de mi momento de gloria interior.

Hace tiempo que no tengo un día así. Quiero volver a desfrutar de los piropos, ver que hay gente que realmente dice lo que piensa, no tener que oír un ‘estás más delgada’ mientras realmente se está pensando ‘ese vestido sólo se lo puede permitir ella’.

Estoy animada, tengo planes de minicambio de look para este fin de semana y, aunque estoy que me caigo del sueño, tengo una buena sensación en el cuerpo, hoy los pantalones no me aprietan, no tengo muy buena cara pero sí buen culo, :DDDD, así que he decidido andar hacia atrás a ver si así consigo mantener el ánimo!
Nota informativa. Desde el curro no puedo dejar comentarios, así que esta tarde desde casa os escribo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Odio estas fechas

No me queda nada claro que sea estas fechas las que odio o, más bien, lo que ellas implican.

Cada año igual. Llega diciembre y comienzan todas esas comidas con compañeros y excompañeros de trabajo, con amigos, examigos, familia y demás gente más o menos conocida y querida. A eso, le añadimos todos los cumpleaños de la familia del Sr. Poco Tacto. Porque para mí desesperación, parece que lo han calculado todo, como si de una conspiración contra mí se tratara, para que todos hayan nacido en estas fechas. Así que para mi desesperación, mis comilonas comienzan a principios de Diciembre y terminan en marzo. Un asco. Porque no hay otra manera de celebrar algo que ir a comer por ahí. Puaj! sólo pensarlo me violenta.

Y yo con cara de pocos amigos cuando Sr.PocoTacto me dice que tal o cual día tenemos comida familiar. Con SU familia, claro, porque con la mía quedamos más bien poco. Y no es que quiera quedar también con mi familia, no. Con comilonas de UNA sola familia me vale. Como para encima tener que empapuzarme también con otra. No gracias. Pero aún así, me jode.

Lo único que consigo es encabronarme con todo lo que se me echa encima y terminar por tener rabia a la familia PocoTacto al completo. Puaj! puaj! puaj!

Lo peor es que con sólo pensar en todo esto, me entran ganas de vomitar. Vomitar sin siquiera haber comido o haber empezado a comer. Me pasa siempre. Cada vez que algo me violenta, siento un nosequé en el estómago, me enfado conmigo misma y con el mundo, y siento unas ganas horrorosas de vomitar. Me pasa lo mismo cuando veo alguna chica de esas que me quedo mirando por la calle porque tienen un look que me gusta, están delgadas, me gusta su pelo, su estilo o lo que sea. Cuando veo aquello que me gustaría ser o tener, también siento ganas de salir corriendo a vomitarme.

En esos momentos sólo quiero deshacerme de mí. ALGUNA VEZ CONSEGUIRÉ NO TENER ESA NECESIDAD DE TIRARME POR EL RETRETE??

Estoy gorda, hoy es uno de esos días que me siento gorda y fea. Me aprietan los pantalones y llegan fechas de comidas, cenas... Puaj! Hoy no puedo dejar de verme obesa.

QUIERO VOLVER A ADELGAZAR!!!
quiero desaparecer. Dónde quedan mis 40 kilos? Porque mentiría si dijera que no me gustaba cuando pesaba 42 kilos. Me gustaba, sí. Puede que diera asco verme pero a mí me gustaba cómo me quedaban los pantalones. Lo siento, pero es verdad. Ahora me veo normal. Y 'normal' no me gusta.

No tengo buen día... Podré escribir algún 'buen día'?