martes, 16 de febrero de 2010

Hecha polvo

Estoy muerta, hecha polvo, cansada, agotada y muerta de sueño. Las visitas me matan. He pasado el fin de semana de un lado para otro, sin parar de andar, de comer, de beber. Ni por la noche...

Mi disfraz... pues no sabría cómo definirlo. Como hacía tantísimo frío e iba con chaqueta, cuando estaba en la calle tampoco es que llamase tantisimo la atención, y en los bares, como estaban llenos de gente, pues me tapaban bastante. Al final no estuve con mis amigas ya que me pasé toda la noche con mis invitados y no me las encontré. Así que no pudo haber comparación ninguna. Mejor. Suficiente con este fin de semana que se acerca que, esta vez, sí que voy a quedar con ellas desde el principio de la noche. Ya os contaré en el siguiente capitulo.

Después de tanto pintxo y vino, prefiero ni mirarme. He vomitado una única vez en todo el fin de semana, con lo cual, dada la cantidad de comida y alcohol que he podido digerir, para mí, es más bien poco, por no decir nada. Así que estoy sufriendo en mis carnes (y nunca mejor dicho) los excesos del fin de semana. Mis pantalones aprietan algo más que la semana pasada y no lo soporto. Nunca me gustó llevar nada muy ceñido.

Ya no es que no me pese; es que ni me peso, ni me miro en ningún espejo de cuerpo entero. Me darían ganas de arrancarme la piel a tiras. Simplemente no puedo. Esta semana intento bajar algo de peso (aunque no me pese creo que soy capaz de notar 100 gr de más en mi cuerpo con sólo mirarme la barriga por la mañana).

Intento pasar la semana lo mejor que puedo aunque me caiga de sueño. Así que lo único que quiero es que llegue el viernes lo antes posible para que me pueda tirar en el sofá toda la tarde. De momento intento no pensar en el desastre de casa que ha quedado después de la visita. Las habitaciones de invitados hechas un asco, el baño parecido, la cocina llena de pegotes del kalimotxo... y yo que sólo quiero dormir cuando llego a casa.

Paciencia, gran virtud.

¿Lo bueno de todo esto? pues que cuando llego a casa estoy tan sumamente cansada que en lugar de comer nada, me quedo dormida en el sofá hasta que mi novio me despierta para que cene algo. Sí, tiene como norma no dejarme ir a la cama hasta que no ceno algo, así que siempre me hace pasar por la cocina antes de que me pueda ir a la cama. Normalmente, es cuando llego a casa por las tarde los momentos en que me como la casa y, por acción-reacción, después vomito. Así que por asociación, no vomito. Hay que buscarle el lado bueno a las situaciones que no nos gustan...

viernes, 12 de febrero de 2010

F12: Tocada y Hundida

¡Vale!, me rindo.

He visto que no puedo luchar contra la sociedad yo sola, no puedo aislarme y dejar de socializarme como una personal normal o, por lo menos, como si lo fuera. Porque el ser humano es social por definición. ¿Y quién cojones dijo eso? ¿Por qué? La verdad es que no debería de aislarme socialmente porque, como la pescadilla que se muerde la cola, eso me deprime aún más y al estar deprimida no me apetece ver a nadie, ni salir de casa. Así es que no es que no pueda aislarme sino que, como intento recordarme
, no debo.
Así que este fin de semana tengo invitados en casa. Unos amigos que vienen como una vez al año y a los que les gusta el turismo gastronómico. Sí, otra vez: me rindo. Me rindo porque me voy a pasar todo el fin de semana bebiendo y comiendo. Y es que la que aquí escribe, vive en una tierra en la que se come demasiado bien, en la que hay una cultura bebedora bastante extendida y en la que la bebida siempre debe ir acompañada del pintxo de turno (tapas para las que no estáis familiarizadas con la palabra 'pintxo'). Así que mañanas de vinos y pintxos, mediodías de comilonas autóctonas, tardes de cervezas y más pintxos para acompañar y noches de alcohol. No puedo hacerles un feo a unos invitados que sólo veo una vez al año. Pero es que llevo desde navidades ¡sin dejar de tragar! cumpleaños por aquí, cenita por allá, turismo gastronómico y, para más inri, una boda. Sí, una boda en pleno invierno. As
í que, sintiéndolo mucho y para no dejar mi sinceridad de lado, os voy adelantando que tengo la impresión de que voy a hacer más visitas al baño de las que necesitaría... Porque, seamos francas, soy incapaz de mantener todo eso dentro de mi estómago sin correr el riesgo de volverme loca. Como podéis observar otra vez satisfaciendo a la gente de mi alrededor dejándome a mí de lado. Siempre pienso en que la semana que viene me la voy a dedicar a mí y voy a hacer lo que a mí me de la gana, lo que yo quiera, lo que yo elija, lo que me salga de los cojones (en caso de que tuviera). Y siempre termina siendo eso: la semana que viene...
Y es que parece que mi trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva (que no trastorno obsesivo-compulsivo, que no es lo mismo) no me deja vivir tranquila. Tienes que aprender a vivir con ello, a llevarlo lo mejor que puedas porque es tu personalidad y aunque te demos antidepresivos y ansiolíticos para que por lo menos descanses bien, es parte de tí.

Además, este año una que está de lo más osada, me voy a disfrazar con un traje que es como una segunda piel. ¡Embuchada!
que diría Laura (Veterana), de la que por cierto llevo tiempo sin saber, así que desde aquí un llamamiento: eyyy! has eliminado el blog pero si sigues leyendo por aquí, mandame plis un correo o algo para saber de tí!!!! A lo que iba... que voy cual morcilla embuchada con otras dos amigas más. ¿El problema? pues que muy animada debía de estar yo aquél día que decidimos disfrazarnos así o muy delgada debí de verme (para un día que me miro con buenos ojos...) porque ayer casi me da un síncope cuando me vi. ¡Horror! ¡¡¡¡¡¿¿¿¿EN QUÉ COJONES ESTABAS PENSANDO HIDDEN????!!!! Pero es que no queda ahí la cosa. Las otra dos chicas.., ¡están escuálidas! Algunas ya me habéis visto antes hablar de una amiga mía, Ana (su nombre), que hace los honores del nombre: 1,65 y 43 kilos, rubia, ojos verdes y, encima, guapa. La otra, no se la queda atrás. Puede que no esté tan delgada pero es que es más ancha de constitución (los huesos los tiene más separados, quiero decir): 1,73 y 50 kilos, rubia también, y más que guapa, atractiva. ¿Y yo? yo soy un pitufo blancucho en lugar de azul, con el pelo negro. Y gordo. Bueno, es que no puedo dejar de sentirme así. Ya sé que muchas me diréis que no, que no estoy gorda, bla, bla, bla... pero ¿me entendéis? porque ir con estos dos torreones rubios con tacones al lado, todas vestidas igual, pues una muy bien tampoco se puede sentir.
Y otra vez más: Me rindo. ¡A joderse toca! de nuevo...

El lunes os cuento a ver qué tal me ha tratado la vida o, mejor dicho, a ver qué tal me he tratado yo.
FELICES CARNAVALES!!!
Oh! y para las que lo celebréis: FELIZ VANLANTINE!!!

lunes, 8 de febrero de 2010

Tareas Pendientes y cositas

Bueno, pues tenía pendiente por ahí un Meme que me mandó Ele y al que este fin de semana también me ha nominado ana.ayudame, así que ahí va:

Supuestamente debería de decir 7 cosas interesantes sobre mí, así que voy a intentar innovar un poco y contaros cositas curiosas y que no sepáis (aunqur por las cosas que escribo muchas de vosotras os podáis imaginar):

1. Soy tremendamente infantil: adoro las películas de dibujos animados, las series, los peluches, etc. Aunque eso choque de una manera más bien notoria con mi aspecto de niña mala que suelo llevar. Es curioso cómo una persona que siempre (o casi) va vestida de colores oscuros, con aspecto de serio y llendo por la vida creando un escudo protector a su alrededor que dice en letras mayúsculas 'cuidado conmigo que muerdo', después sea un terroncito de azucar tierno y que llora como una niña cuando ve una película o lee un libro. Porque en el fondo soy una romántica empedernida y sufro el síndrome de Peter Pan.

2. No estoy segura de que mis amigos me hayan visto nunca llorar. El escudo ese del que he hablado antes me acompaña en todos los aspectos de mi vida. La gente que me conoce me definiría como una persona fuerte, independiente y de armas tomar. Es el yo que me he creado para protegerme contra todo y contra todos. A base de que me hicieran daño cuando era pequeña he ido modelando un personaje al que todo le da igual y permanece impasible ante los ataques del exterior. Realmente esos ataques me van matando poco a poco y cuando estoy sola me derrumbo.

3. Soy tan egocéntrica que me encanta sentirme necesitada. No querida (que también) sino necesitada. Me gusta que la gente acuda a mí para pedirme consejo, para que les guíe. Incluso en mi relación de pareja necesito sentir que sin mí mi novio estaría vagando sin rumbo. Puede que sea un sentimiento poco sano y un poco obsesivo pero soy así de controladora. No por nada tengo un pequeño trastorno de personalidad diagnosticado.

4. Me encanta dar consejos y, por lo que dicen, además soy buena dándolos. Claro que esta virtud es también un gran defecto, porque regalo consejos a diestro y siniestro y después yo soy incapaz de seguirlos, aunque sea consciente que lo mejor sería seguirlos. Viva la contrariedad en mi vida! Hasta a mí me gusta contradecirme...

5. Soy una experta en no mentir pero también en no decir toda la verdad. Digamos que no suelo mentir, que tengo la lengua más viperina que he conocido, que cuando quiero hacer daño mi boca y mi lengua toman vida propia y dañan más que si les cruzara la cara de una bofetada. Soy bastante bocazas y he llegado a arrepentirme de muchas de las cosas que he dicho en momentos de locura aunque hayan sido verdad. Por otro lado, siempre me guardo cosas, intento protegerme las espaldas y no mostrarme tal y como soy porque creo que si alguien sabe demasiado de mí podría manipularme y no lo soportaría. La información es poder.

6. Soy buena en todo y la mejor en nada. Esta es una frase de lo más personal y no tengo muy claro que ponerla aquí sea lo más correcto, pero bueno, me arriesgaré. Es una afirmación que me ha perseguido toda mi vida y que toda mi vida me ha martirizado.

7. Adoro hacer deporte. Creo que he practicado hasta los deportes más insospechados. En estos momentos, estoy atravesando un bache en mi vida (qué os voy a contar que a estas alturas no sepáis) en el que también se incluye el dinero, por lo que he tenido que dejar mi gimnasio de toda la vida y esto también me deprime. Intento salir de esto pero me está costando horrores. De todas formas, intento pensar que es sólo eso: un bache y que pronto encontraré la cuesta abajo!

Debería de nominar a otros 7 blogs pero creo que la mayoría de vosotras ya lo habéis hecho, así que nada, si falta alguna y le apetece, que copie la imagen de arriba y nos cuente 7 cositas más sobre ella.

El viernes no tuve uno de mis mejores días. No os imagináis el bien que me hacen esos comentarios que me dejáis, me faltan palabras de agradecimiento para mostraros lo que siento. Sabéis que estoy en un momento de mi vida en el que nada me llena y me dejo llevar. De verdad que estoy intentando tener una actitud para con todo un poco menos sin-sentido, posicionarme ante las cosas que me pasan y dejar de dejarme llevar por la corriente para volver a tomar las riendas de esta vida que se me ha escapado de las manos. Pero de momento, todo se queda en eso: un intento. Supongo que poco a poco. Tampoco es que tenga la mejor de las actitudes con mi NUMBNESS, pasotismo, asqueamiento, o como queráis verlo.

Hoy comienza una nueva semana y, aunque no ha comenzado bien, voy de camino para que mejore.

viernes, 5 de febrero de 2010

Lonely day

Estoy hecha mierda. Sin ganas de nada. Muerta.

http://www.youtube.com/watch?v=fXVHcCmvgdc

Such a lonely day

and it's mine
the most loneliest day in my life.

Such a lonely day
should be banned
it's a day that I can't stand.

The most loneliest day of my life.
The most loneliest day of my life.

Such a lonely day
and it's mine
the most loneliest day of my life.

And if you go,
I wanna go with you.
And if you die,
I wanna die with you,
take your hand and walk away.

The most loneliest day of my life.

Such a lonely day
and it's mine
It's a day that I am glad I survived.


lunes, 1 de febrero de 2010

¿Quién dijo que habían terminado las navidades?

¿Pero es que no me puedo librar ni un sólo fin de semana, ni una sóla semana de no tener que ir a comer, cenar, merendar e incluso desayunar con gente por ahí? Y entiéndase que cuando hablo de comidas, no hablo de verdurita a la plancha o al vapor con una ensalada. Para mí las navidades siguen aquí: comilona tras comilona, acto social tras acto social, sonrisa falsa tras sonrisa falsa, poner cara de qué bien me lo paso y pensar en que por dentro la comida me tortuta. Un asco. No tengo palabras. Esto no me ayuda para dejar de vomitar. Lo intento, pero si me dan de comer así no puedo. Sorry, pero así no puedo.

Esta vez por lo menos, durante la comida no fui yo el foco de atención. Aunque sigo notando las miradas plantadas en mi plato que observan y analizan qué me sirvo, cuánto me sirvo y cuánto como. Parece ser que esta vez se han fijado en que en la familia hay una chica que come bastante menos que yo. Y es verdad. De hecho siempre he dicho que si yo comiera lo que ella (llamémosla María para entendernos), María, pondrían el grito en el cielo. ¡Anoréxica! Eso es lo más fino que tendría que soportar yo. María, en cambio, sólo tuvo que aguantar un par de frases del tipo 'es que no comes casi nada' o 'además es que la mayoría de las cosas no te gustan'. Pero aún así, esos comentarios me libraron a mí de lo que me toca en cada una de las comidas familiares. Y, además, conseguí que admitieran que si yo comiera lo que María pondrían el grito en el cielo.

Vale, ¿y qué quieres aho
ra que piense? María sólo tiene que aguantar un par de frasecillas y a mí se me crucifica si una noche no tengo hambre, estoy cansada y quiero irme a la cama sin cenar. ¡¡¡NO ES JUSTO!!!

Puedo patalear lo que me de la gana que las cosas son así. A joderse toca. Y no está en mi mano hacer nada. Por más que me he esforzado en comer 'normal' cuando estoy con toda esta gente, no consigo deshacerme del 'estigma de la delgada'. Sí, 'El estigma de la delgada', o mejor dicho 'El estigma de la más delgada'. Porque aunque María está delgada, yo lo estoy más y soy más pequeña, más bajita y soy la más delgada de esta familia de mujeres orondas. ¿Y qué culpa tengo yo de que en la familia de mi novio las mujeres tengan tendencia a engordar? Pues ninguna. Mi madre está tan delgada como yo ¿no lo véis?. Sí, lo ven y se callan.

También ven que he engordado pero tengo que aguantar los mismo comentarios y miradas inquisitorias que cuando pesaba 42. ¿Sabéis lo que os digo? que para tener que aguantar la misma mierda por lo menos que sea con razón de ser. Porque ahora se me podría considerar una chica normal, delgada pero normal. Nadie se va a asustar por ver a una chica que pasa el metro y medio por poco y pesa 46 kilos.

LO DICHO: A JODERSE TOCA