lunes, 6 de abril de 2009

24/06/2008. Irascible

Este fin de semana empezó oficialmente el verano. Temperaturas altas y tormentas. Así se ha presentado este año. Tormentas fuera y dentro de mí. Estoy en un estado de nerviosismo que hace que esté de lo más irascible. Todo me molesta y me pone de los nervios y de mala sangre. Hasta que me deseen buenos días con esa vocecilla de niña fina me pone de mala hostia. Me levantaría y la reventaría a palos. Esa persona me pone nerviosa. Solo mirarla. Sus gorduras, su aspecto de finolis, de parecer que está siempre contenta, esa voz bajita que va de fina pero que luego mastica chicle con la boca abierta. Estoy a la que salta, irascible y agresiva ¿ves? Sólo quiero encerrarme en casa y no salir de allí. Quiero no hacer nada, que me ignoren, necesito evadirme, dormir, desaparecer. Llevo unos días que estoy comiendo demasiado. Y esta semana tengo comidas, cenas y más comidas. Menos mal que he decidido no ir a la despedida de María y así eso que me ahorro. Puedo pasar el sábado como me de la gana. Dormir, café, bajar a Bilbao… pero estamos a martes y lo veo tan lejos… Fijo que todo esto me ha hecho engordar. Ayer comí (desayuno, comida y cena) y hoy no puedo dejar de pensar en ello. Unos 48-49 calculo. Y yo no quiero llegar a los 50. ¿Pero qué digo? Yo no quiero llegar a los 48. Y Ana pesará unos 42 y yo cada vez que la miro me muero de la envidia. Es un sentimiento contradictorio: realmente no me gusta cómo está pero me encantaría que yo estuviera así. Lo que más me fastidia creo que es que encima, sabiendo que está en los huesos, se exhibe: faldas hipercortas, camisetas arremangadas al ombligo con nudito a un costado… Ella dice que se ha quedado en los huesos de tal forma que quiere demostrar que no le gusta cómo está pero sus actitudes dan a entender todo lo contrario. Si no la gustara cómo está no se exhibiría de esa manera: se taparía los huesos de la cadera que parece que en cualquier momento la van a rasgar la piel. Y yo, mientras tanto, desearía que fueran mis huesos los que fueran a romperme la piel y asomarse al mundo. Pero mis huesos tienen una capa bastante más gruesa que rasgar, no se asoman lo suficiente ni cuando estoy tumbada. Y me quiero ir a casa. Y no puedo porque tengo comida con la gente del curro. Y no me apetece.

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