lunes, 6 de abril de 2009

22/07/2008. Enfado



Ya no lloro. Ahora estoy enfadada. Enfadada conmigo misma por comer como un animal. Y me doy asco. Y me duele el estómago y tengo acidez. No me extraña porque he perdido la cuenta de las palmeritas que me he comido. De chocolate, de coco.
Acabo de mirar a la chica que se sienta a mi izquierda con las chichas por fuera del pantalón, entre la camiseta hortera que lleva y los pantalones blancos. Y yo no quiero eso. Antes yo estaba así y no quiero volver a estarlo. No quiero. ¿Cómo puedo olvidarlo cuando veo cosas que me encantan y me dicen ‘cómeme’? debería tener más fuerza de voluntad y ser consciente de lo que quiero y, sobre todo, de lo que no quiero. Llevo 3 días comiendo demasiado y, sé que, eso contribuye a que me vuelvan a salir las morcillas de debajo de la cintura y a que parezca que estoy embarazada de 4 meses. Me gusta ver mi tripa plana, con los abdominales marcados y que se noten los huesos de la cadera. He engordado de nuevo y no puedo, no debo, no quiero permitírmelo. Se acabó. A partir de este momento no como. ¿Y el fin de semana? Pues algo tendré que hacer. Al comer en la furgo lo tengo muy jodido si no hay ningún baño alrededor. Y no puedo evitar sentirme obesa. Estoy llena de nata, de chocolate y de hojaldre. Y miro los michelines de mi compañera de enfrente y me dan asco. Es que es redonda. Puaj! No lo puedo evitar. Me dan nauseas. Le va a reventar los botones de la camisa. Los brazos gorditos, la cara redonda, toda ella redonda… puaj!
Si hoy estoy con Ana voy a grabar a fuego en mi mente esa imagen. Eso es lo que quiero y no voy a parar hasta lograrlo. Me voy a poner final de verano de tiempo. Para la boda de Ander, 44. Y Natalia estará cerca de los 60. Casi 20 kilos menos que ella. Perfecto. A ver si compro una báscula. Es una manera de motivarme y controlarme a la vez.

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