martes, 7 de abril de 2009

2008 Septiembre










04/09/2008
¿Loca?




Mientras leo me veo reflejada en lo que se dice en el libro (Wasted. Días Perdidos). Yo no llevo al extremo de la protagonista pero hago casi todo lo que describe. He leído que pesaba 39,5 y he sentido envidia. ¿Me estoy volviendo loca? 39 sería demasiado poco ¿no? Yo sólo quiero llegar a 43 ¿43? Y lo veo tan lejos. Pero he de tener paciencia. Siempre he dicho que la tengo pero no es verdad, yo sé que no es verdad y quiero los resultados ya. Me pierdo todos los días en números y cuentas que sé de memoria sacando índices de masa. Ayer volví al gimnasio. Me dio rabia ver a chicas más altas y flacas que yo en el vestuario. Únicamente me repetía a mí misma que yo tengo formas más bonitas y que soy más guapa. ¿Lo soy? No puedo evitar compararme con todos y entiendo que en ocasiones puede ser imposible comparar porque ¿cómo me voy a comparar yo que mido 160 con alguien de 175 que me saca la cabeza? La gente me ve más delgada. Yo intento quitarle peso al asunto y comento que estoy igual que cuando me marché (cosa que es verdad, creo) e intento cambiar de tema.
Pienso en todo y en nada a la vez, hago viajes astrales no sé muy bien a dónde y me pierdo en mis pensamientos que no son míos ni los he creado a propósito. Me despisto a menudo porque me aburro, intento mantenerme entretenida pero mi pensamiento se desvía hacia la lectura que sé me está esperando. Me encanta leer. Hace que me olvide de quién soy, dónde vivo, dónde estoy, mis quehaceres, el trabajo, el tiempo. Me sumerjo en la historia, los personajes y ya no estoy, no soy.

05/09/2008
Negro oscuro.



Camisa negra. Como en la canción. Vuelvo a lo mío y visto de negro riguroso. Me he dado cuenta de que no tengo la suficiente ropa negra como para vestir todo el otoño-invierno. Me levanto al baño, me miro en el espejo y me cuesta reconocerme. Veo una chica con pantalón pitillo negro, sandalias negras con tacón plata mate de 10 cm, camisa negra, pendientes de plata y el pelo recogido en una cola de caballo. No lleva ni una gota de maquillaje porque por la mañana tiene muy pocas ganas de hacer nada. Soy yo. No sé por qué siento como un desdoblamiento cuando me miro en el espejo del baño en el que cuando entro me veo de cuerpo entero y va reduciendo el área de imagen según me acerco hasta reflejarme sólo de cintura para arriba. Me inspecciono los muslos que no están lo suficientemente delgados, pienso. Según salgo me vuelvo a dar la vuelta y vuelvo a mirar mi reflejo. ¿Te gusta lo que ves? no puedo decir que no. Me veo delgada, no excesivamente delgada, no lo suficiente, pero delgada, más que antes por lo menos. Pienso que podría estar mejor, que los pantalones me van un poco grandes de cintura, no mucho, que el hueco entre mis muslos no es lo suficientemente ancho, que tengo mala cara porque he dormido poco y estoy desganada y sólo pienso en que me quiero ir a casa a echarme la siesta, que me encanta mi camisa nueva, que me pienso comprar los zapatos que vi ayer, que no pienso comer nada más que los cereales del desayuno en todo el fin de semana, que quiero comprar palmeras de chocolate en la pastelería, que tengo que ser fuerte y no comprarlas porque luego siempre me arrepiento y no soy capaz de no comérmelas, que estoy cansada y me duele la espalda, que tengo que estar aquí otras 3 horas, que me gusta mi reflejo y que no lo siento como mío ¿por qué?. Rectifico: no me disgusta mi reflejo aunque es mejorable, de momento me conformo con vistas a que no es definitivo. Montón de pensamientos inconexos entre sí pasan por mi cabeza. Preguntas a las que doy respuesta que genera otra pregunta. No estoy segura de lo que pienso ni de lo que quiero. Llevo 2 días pesando lo mismo y eso no me gusta. 200 gramos aunque sea. 100 por lo menos. Pero no ha habido diferencia y eso no me gusta. Entiendo que estos dos días he cenado, pero también he ido al gimnasio. 350 Kcal que quemé ayer y 520 el miércoles. ¿Por qué sigo pesando lo mismo?

10/09/2008
Hastiada.

La gente me harta. Estoy hasta las narices de que se me diga lo que tengo que hacer. Toca el piano, el tema del inglés qué tal, haz algo por las tardes, estudia, come, engorda, haz esto y no lo otro. Vale. No tengo 10 años y sé lo que me apetece y no me apetece hacer. No quiero ir a cenar a casa de los padres de mi novio porque no quiero cenar, no quiero que nadie me mande hacer cosas porque suficiente me mandan en el trabajo y no quiero que fuera de él tampoco tenga yo el poder de elegir por mí misma, no quiero que me planifiquen la vida, ni siquiera tener que planificarla yo, no quiero quedar esta tarde porque van a estar todas y no soporto los temas de conversación que surgen cuando estamos todas porque son estúpidos y no llevan a ninguna parte (conversaciones de ascensor, casi), no quiero quedarme en Bilbao porque tengo que llevar la cámara de fotos a arreglar, no quiero pesar 47 kilos, no quiero tener que levantarme a las 6 de la mañana ni fingir que estoy despierta cuando llego al autobús a las 7, hoy no quiero ir al gimnasio. Siento que me controlan y que no hago nada por mí misma. Enjaulada, alineada, así me siento.
Oigo la risa de un tío que se sienta a mi izquierda y me irrita. Tiene una risa aguda para tratarse de un hombre, como una urraca, en tono de je. Aunque parezca mentira me pone los pelos de punta, es como si me diera dentera esa risa. Se calla, se ha callado y mis pelos y yo volvemos a nuestro estado de relajación.
Mi madre está de lo más pesada con que estoy muy flaca. Dice que en primavera estaba guapísima y ahora estoy hecha una mierda. ¿Cómo es posible que me diga que en primavera estaba guapísima y ahora no, cuando peso lo mismo que entonces? Y a los datos me remito que aquí mismo dejé constancia de que pesaba 46 kilos. Puede que ahora no tenga tan buena cara porque necesito vacaciones, madrugo más, he cambiado de hábitos en lo que al curro se refiere y puede que por primavera estuviera más contenta con vistas a que llegaba el verano, me iba a cambiar de trabajo, las vacaciones que al final no he tenido pero por aquél entonces no lo sabía, planes y perspectivas de los que ahora carezco y me hacían sentir más viva. Además, como no estaban no me agobiaban con las comidas ni obligaciones de ven a comer a casa, pasa por aquí a por tal cosa, tráeme tal otra… y yo sólo quiero que me dejen en paz.
46.4 esta mañana. ¿Podré bajar de 46? De momento, para no desanimarme en exceso me he puesto ese objetivo que lo veo más alcanzable a corto plazo. Aunque pienso en que esta noche tengo que cenar y me doy cuenta de que voy a tardar un poco más de lo que yo quería. Paciencia.


2008/09/25
Ahorrando.
Me aburro como una ostra. Me siento intranquila porque no puedo leer tranquilamente mientras están todas las personas del cliente por aquí paseando. Yo estoy desanimada, triste y deprimida. A esto le tengo que añadir que he engordado o, puede, que esté así precisamente porque he engordado. De todas formas sea cual sea la causa y sea cual sea el efecto, el caso es que todos los sentimientos están ahí juntos haciendo una piña y riéndose de mí a la cara haciéndome sentir como una mierda. He engordado, estoy gorda, hinchada, pesada y me siento llena. Aún así no puedo dejar de pensar en una palmera de chocolate. Me ha librado de comprármela y comérmela que no tengo dinero suelto. Pero como siempre hay un roto para un descosido, pienso en la vuelta a casa, pasar por la pastelería y comprar una palmera de chocolate además del pan. He estado pensando que por cada día que supere los 47 kilos voy a meter en una hucha 2€. Es una manera de motivarme y, de paso, sacar partido a estar como una cerda oronda. Me ha empezado a doler la cabeza. Aquí abajo hay un ruido increíble. Esto parece un gallinero y yo me estoy poniendo nerviosa. Me quedan dos horas para poder marcharme. Vaya pérdida de tiempo la mañana de hoy. En fin, me pagan por estar aquí, así que yo a callar.

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