martes, 7 de abril de 2009

2008 Noviembre



2008/11/07
Mes y medio después.
Casi dos meses han pasado desde el último día que escribí. He engordado exactamente kilo y medio. No recuerdo el día en que la báscula bajó de los 47. Tengo mis altibajos y, además, estuve 15 días de vacaciones donde no pude evitar mucho la comida, por lo que engordé. La semana pasada estuve enferma: gastroenteritis. El peso perdido fue líquido así que no he podido hacer mucho por evitar recuperarlo. No duró mucho. Había momentos en los que deseaba que en realidad fuera una salmonelosis en lugar de gastroenteritis para así quedarme mucho más delgada. No fue así. Últimamente me miro al espejo, observo y examino mis muslos, el culo y las lumbares. Nada está como debería. Me pellizco las cartucheras y estiro hacia atrás para que mis muslos parezcan más pequeños. Así está mejor. Suelto, me pongo triste y el pijama que me va algunas tallas grandes. De esta manera no se puede adivinar lo que hay debajo. Me siento cómoda en pijama. ‘Estás tan gorda como tu madre’ me decían hace dos semanas mis padres. Mi madre está delgadísima. Yo no estoy así, soy consciente de ello, mis muslos son mucho más gruesos. Aún así no puedo evitar que me aparezca una sonrisa en la boca y contestar quitando importancia al asunto. ‘Mi abuela me ha dicho que estás demasiado flaca, que hacía tiempo que no te veía y que se ha quedado asustada’ oía ayer mientras me llevaban a casa después de inglés. ‘Es que a las abuelas las gustan gordas’ contesté yo, mientras en realidad pensaba en que ella está gordísima y sus nietas también. 15 y 9 años y están gordas. Una pena. La de 15 está tremenda. La de 9 lleva el mismo camino que su hermana aunque nadie me creía cuando yo decía que se estaba poniendo como su hermana. ‘¡Qué va! Es mucho más finita que su hermana. Además es más guapa’. Parece que por tener la cara más bonita que su hermana ésta no iba a engordar. Qué equivocados están. Se irán dando cuenta, así que yo a lo mío. Nadie me ha dado vela en este entierro así que como si no fuera conmigo. Pero no puedo dejar de compadecerme, me da pena que una cría de 15 años está como ella. Muchas veces me pregunto cómo serán las amigas. Podría encontrármela algún día en el parque o algo.
Yo pienso en cómo escaquearme de la cena, cosa que cada día se me hace más difícil. Como sola así que a la hora de comer no tengo demasiado problema. Ayer pensé en los 42. Pero hoy creo que sería más… menos traumático pensar en los 45 y que de esta manera, al no verlo tan sumamente lejos me desanimaré menos. Llevaba sin pesarme desde que regresé de Fuerteventura: 50.5 con vaqueros, camiseta se manga larga y playeras DC (al ir pesaba 49.5 con la misma ropa). Cuando marché ya era consciente de que había engordado y, al regresar, comprobé que tenía un kilo más aún. Después no he querido volver a subirme a la báscula. Me daba miedo. No quería ver que de verdad estoy como un cerdo gordo y grasiento, no quería tener la certeza de mis sentimientos después de haber visto el marcador digital de la báscula. Hasta ayer. Me deshice de mis miedos por un momento con la esperanza de no llegar a los 47 después de lo que me había comentado Mi novio de su abuela. Llegué a casa, me fui a poner el pijama y, antes de hacerlo, me subí semidesnuda al platito de cristal. Respiré hondo y miré hacia abajo después de unos segundos: 48.50. ¿¡Cómo puede decir la abuela que estoy excesivamente flaca cuando peso 2 kilos más de lo que he llegado a pesar!? No lo estoy. Estoy normal, soy normal y no quiero serlo. No sé porqué pero no quiero ser normal y no quiero que nadie se parezca a mí, ni que yo me parezca a nadie. Aquí en la oficina hay una chica que me da la impresión de que se parece demasiado a mí. No me gusta. Morena, pequeñita, con una adicción más que notable a los zapatos y con un culo descomunal. No quiero parecerme a esa chica y, sin embargo, aunque nadie me ha dicho que nos parezcamos lo más mínimo (tampoco es algo que se vaya diciendo por ahí) yo tengo la sensación de que es así, así que será verdad. Me siento plagiada. He pensado en volver a cambiar de look pero lo único que se me ha ocurrido es ir de compras y comprar más cosas negras. Esta mañana 48.10. Cené una crema de champiñones con algo de pan, una mandarina y un kiwi. Tengo que bajar algo todos los días (100 gr aunque sea). Y hoy no sé cómo lo voy a hacer porque hoy vienen a cenar Borja y Natalia. Y tengo que hacer tacos. Aunque lo que verdaderamente me importa es que los tengo que comer. Realmente hacerlos no me importa nada, todo lo contrario, me gusta cocinar cuando tengo tiempo. ¿Podré llegar? Tengo que traer el cerdo de casa y meter 2 € por cada día que supere los 47. Ya que estoy gorda, por lo menos tener algo de dinero ahorrado.

10/11/2008
Preguntas.
¿Por qué me dan el coñazo con lo que como o dejo de comer? ¿Por qué no me dejan elegir lo que yo quiero? ¿Por qué tengo que engordar? ¿Por qué me apetece irme de viaje sola y desaparecer? ¿Por qué tengo que sonreír? ¿Por qué tengo que guardar las apariencias cuando en realidad hay momentos en los que mandaría todo a la mierda? ¿Por qué no me apetece relacionarme con nadie y pasar tiempo yo sola? ¿Por qué no quiero comer y, en cambio, lo hago? ¿Por qué hay veces que ni yo me entiendo? ¿Por qué casi nunca hago lo que me propongo? ¿Por qué me aburro de las cosas casi en cuanto las emprendo? ¿Por qué tengo tantos cambios de humor?


2008/11/25
Bajando…
Estoy por debajo de los 46 desde el sábado. Cuando me levanté por la mañana a eso de las 10:30, en mi ritual matinal, me desnudé y me subí a la báscula: 45,8. No sé cuántas veces subí y bajé para asegurarme de que el aparatito no se había equivocado. Mentira; sí que sé cuántas veces me subí, fueron cuatro. Hoy ha marcado 45,4. ¿ves como era posible? Todavía no estoy segura de que sea verdad. Sigo pensando que la báscula puede estar estropeada, o desajustada, y que realmente sigo en mis casi 48.
Noviembre ha volado. Estamos ya en la última semana y en nada nos plantamos en navidad. Estoy un poco aburridilla y me levanto todos los días de la cama pensando en seguir durmiendo, en llegar a casa a las cuatro de la tarde y dormir. Después, cuando llego a casa por la tarde, me encuentro con que está todo tirado o con que tengo que planchar, recoger, hacer la comida, y casi nunca duermo. Así que voy arrastrando cansancio sueño y desgana durante toda la semana y cuando llega el viernes no tengo ganas de hacer nada. Además el tiempo no acompaña. Hace frío, llueve, graniza y el viento es bastante fuerte. Pienso en cómo pasar las cinco horas y tres cuartos que me quedan de la manera más amena posible. Tengo para leer, para escribir, para dibujar… pero no me apetece hacer nada. La semana que viene voy a tener muchísimo curro, ésta, de momento, me puedo seguir aburriendo como una ostra viendo pasar los minutos en el monitor de mi ordenador. Tic, tac, tic, tac…

No hay comentarios:

Publicar un comentario