lunes, 6 de abril de 2009

18/06/2008. Soledad, otra vez


Estoy triste y deprimida. Me siento sola. Estoy sola. Salgo a hacer recados, a tomar algo, leer alguna revista, dar un paseo, a la playa. Y estoy sola. Me muevo sola. No me importa e incluso disfruto de mi soledad pero cada vez me doy más cuenta de que no le importo a nadie. Cada uno se mueve por donde le da la gana sin importarle lo que hacen y sienten los demás, si tienen obligaciones o si habían quedado en algo. La gente se olvida de esas cosas y yo no tengo ganas de andar recordando nada a nadie. Además ayer lo intenté y pasaron de mí. Hoy soy la que pasa. Tengo cosas que hacer y si no las tengo me las invento.
Llevo 2 semanas viviendo con Mi novio y no me siento del todo bien. Creo que a él se le ha echado todo encima, que no lo ha pensado demasiado, que su madre le ha dado un ultimátum o algo por el estilo. No es consciente de todo lo que hay que hacer, comprar y arreglar. De mientras, yo no la siento mi casa porque no puedo hacer nada. Me siento impotente y con las manos atadas cuando se me ocurren cosas para hacer. Y tengo ganas de llorar. Voy y vengo sin avisar a nadie aunque no es eso lo que quiero. Quiero una vida en común que tenga que avisar de que me voy aquí o allí y voy a tardar tanto, que tenga que preguntar si quiere una cosa u otra para cenar, que me pregunte si necesito algo, que me avise de lo que va a hacer y no viva a su aire. Mientras tanto yo hago lo mismo y vivo a mi aire, así que no puedo decir que esté conviviendo con nadir.
De lo demás hago lo que quiero. Creo que sigo bajando de peso, aunque más despacito. Hay veces en las que me apetece engullir. No tengo otra palabra para decirlo. En esos momentos no suelo tener hambre pero me ataca un sentimiento de ansiedad, ira, sí más bien es ira lo que siento, me enfado y como.


Ana ha empezado otra vez a ir al psicólogo. La dejó su novio y se pasaba el día en casa, en el sofá llorando y viendo la tele. Sin comer, evidentemente. Y yo me muero de envidia. No puedo evitarlo. No porque la hayan dejado y esté más deprimida que de lo que está en su estado de ánimo habitual, sino porque no come. Porque me gustaría ser yo la que no comiera (aunque yo tampoco es que lo haga habitualmente), porque tiene una fuerza de voluntad increíble y, eso, lo envidio. Delante de la gente hago otro papel y me presento como la persona responsable y sensata que quieren que sea y que piensan que soy. Nadie sospecha. Se toman en serio mis consejos y opiniones sin tener ni idea de cuáles son realmente mis opiniones o lo que se me pasa por la cabeza. En esas situaciones cuando me doy cuenta de lo hipócrita que puedo llegar a ser miro hacia arriba, de lado, y no puedo dejar de dibujar una medio sonrisa. No es que en esos momentos me sienta feliz, sino que es más bien una sonrisa de amargura que deja entrever que no estoy totalmente de acuerdo con lo que digo y que la gente que está conmigo no sabe interpretar.

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