martes, 31 de marzo de 2009

20/02/2008. Metas y dolor de estómago


Me duele el estómago. Tengo un ardor y una acidez horrorosa. A primera hora de la mañana he apuntado lo que cené ayer y verlo en papel asusta. Dicho no parecía nada, quiero decir tanto (no se por qué he escrito ‘nada’...). Mira: un sándwich con jamón y queso y un huevo frito, cinco rodajas de chorizo con pan, una loncha de queso de oveja, 6 langostinos con una cucharada de mayonesa, un café con leche con un alfajor y un trozo de quesada. ¡Dios! ¡Eso es lo que debería de comer en una semana entera! No me extraña que mi estómago se resienta. Pensaba que al llegar a casa iba a poder deshacerme de todo, pero para mi sorpresa, mi madre estaba en casa y no pude, así que todo pa’ mí. Me siento fatal y hoy no puedo ir al gimnasio. Mañana haré doble jornada. No me merezco la cena del sábado, pero no me queda más remedio que ir... si se cancelara...
He estado pensando, haciendo cálculos y quiero 45 para cuando me vaya a Holanda. 3 semanas por delante.
Ayer por la tarde en el gimnasio se me iba la olla. Hasta el profesor se dio cuenta y mientras estaba haciendo abdominales en la segunda clase, se me acercó y me preguntó varias veces a ver qué me pasaba que me veía abstraída. ¿Qué me pasaba? Pues estaba divagando, hablando conmigo misma. Tengo una vocecilla en mi cabeza que me dice que así está bien, que es suficiente, que cene y no vomite. Pero no está bien, yo lo se. Con casi 10 centímetros menos, descalza, no lo está. Mis muslos siguen desproporcionados. Si sólo pudiera bajar de ahí... pero no puedo. 45 estaría bien. Quiero que llegue mayo, hacerme yo cargo de todo y, entonces, no habrá problema. Me duele la garganta. Me despierto en mitad de la noche porque me da tos, me levanto con la garganta irritada y con mocos. No pasa nada, no es para tanto. Tengo anginas, como siempre.

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